La primera vez que llegue a New York tuve la sensación de sentirme diminuto junto a las edificaciones que se pierden a lo alto y caracterizan a la capital del mundo, además de la grandiosidad de la ciudad, note que hay miles de personas que circulan a diario por esas calles que para mí desde ese instante ya no eran tan desconocidas, comprendí que New York es una ciudad que no descansa, las personas van con tanto apuro que no queda tiempo para miradas incomodas con extraños o pedir disculpas si en medio de la hostilidad de la rutina y la multitud los cuerpos chocan, comprendí y me convertí en una hormiga más de la colonia, acepte desde ese instante la inmensidad de lugares y situaciones que podía capturar, no solo con mi cámara fotográfica sino con mi mente que reproduce recuerdos constantemente. Cuando logré tomar un respiro y entrar a un bar a calmar la sed me encontré con un espacio más tranquilo, lleno de amabilidad, esa amabilidad que es difícil de encontrar ante la excitación de estar tan lejos de casa.

Cuando desacelere el ritmo para poder conocer a la gente, note que dentro de cada persona aparecen millones de historias y sueños que jamás serán contados y es en ese momento que vienen a mi cabeza ideas para tratar de fotografiar instantes que se pueden perder pero que puedo capturar sin querer exponer algo que no se asemeje a la realidad; cuando camino por las calles las luces me hipnotizan por la infinidad de sus colores que iluminan los rostros de cientos de nacionalidades que llegaron junto a sus familias a un país desconocido y a una nueva ciudad en busca de una vida mejor. Me llamaron la atención los acentos y la multiculturalidad que se mezclan entre los sonidos del caos en la gran ciudad, las vestimentas se pierden entre los colores de las edificaciones y los graffitis que hacen de esta una ciudad un lugar con millones de identidades dispuestas a ser fotografiadas por mí de una manera desapercibida, estuve robando instantes entre la multitud, de esta manera pensé capturar la ciudad en su estado más natural, sin poses o sonrisas a la cámara, sin la timidez que genera tener un lente frente a nosotros.

New York es una ciudad que no descansa y no deja descansar, cada cuadra tenía algo que llamaba mi atención para fotografiar. En esta selección de fotos quise dejar de lado el ritmo acelerado del ambiente para fijarme probablemente en los detalles que los demás no notan en medio de la monotonía, esos pequeños detalles que retrate son los instantes que hoy les comparto.

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